Todas Las Cosas Cooperan Para Bien Romanos 8:28-32
Hoy acudimos a una de las promesas más abarcadoras y más amadas de toda la Biblia, Romanos 8:28: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”. Quizás, más que cualquier otra promesa en la Biblia, este versículo ha ayudado a las personas a confiar en Dios a través de experiencias que parecían dolorosas, malas y absolutamente insignificantes. Las personas se han aferrado a la frase “todas las cosas” y creyeron a la Palabra de Dios que afirma que este hecho terrible, este hecho aparentemente insignificante también ayudará para bien. Años atrás enseñé a los niños de Bethlehem (y a todos los que son como niños) a decir: Cuando las cosas no marchen de la manera deseada, Dios siempre las hace obrar para bien.Los cristianos creemos que, tarde o temprano, las penas, los dolores, las desilusiones y las pérdidas algún día cooperarán para bien. Sé que las traducciones difieren un poco en este sentido. Pero también creo que las diferencias no son serias. La NASB [New American Standard Bible] pone a Dios como el sujeto pero pone a “todas las cosas” como su esfera de trabajo, no como su objetivo: “En todas las cosas Dios obra para bien”. La versión King James y la NASB en inglés ponen a “todas las cosas” como el sujeto: “Todas las cosas cooperan para bien”. Todas, son posibles traducciones del original griego y al final no son muy diferentes. Cuando la King James dice: "all things work together for good" [“todas las cosas les ayudan a bien” RVR1960], no se refiere, a que “todas las cosas” obran por su propia cuenta, o guiadas por algún poder o predestinación. Se refiere a que Dios hace que “todas las cosas” cooperen para bien. De manera que Dios es el que obra en las tres traducciones, y lo que está provocando es bueno, y él está manifestando todas “las cosas”. Pablo no está diciendo que todas las cosas sean buenas, está diciendo que todas las cosas son transformadas por Dios para bien. La próxima semana, cuando salgamos a las calles y adoremos en una gran multitud frente a todos los vecinos en el estacionamiento, trataré de mostrar esta promesa con ilustraciones bíblicas, históricas y personales. ¿Cómo es que todas las cosas cooperan para bien? ¿Cooperan para bien ahora o cooperan para bien después? De esto hablaré la próxima semana. Pero hoy no quiero concentrarme específicamente en la promesa, sino en lo que hace a una persona beneficiaria de la promesa. Hoy nos preguntaremos: ¿Cómo puedo saber si la promesa es para mí? Y el próximo domingo nos preguntaremos: ¿Qué es lo que este texto realmente nos promete? La promesa no es para todosDe modo que la primera situación que nos debemos plantear es que a todas las personas todas las cosas no les ayudan para bien de la misma manera. La promesa de que Dios transformará todas las cosas para bien no es real en todos los casos. Hay dos verdades que tienen que ser ciertas para que la promesa se cumpla en usted. Una es que usted ame a Dios, y la otra es que usted sea llamado conforme al propósito de Dios. “Y sabemos que [1] para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, [2]para los que son llamados conforme a su propósito”.
Pablo dice: «en efecto, si ustedes no aman a Dios, no pueden reclamar esta promesa, si no son llamados conforme a su propósito, no pueden reclamar esta promesa». O para decirlo de otra manera, para la persona que no ama a Dios y no sea llamada conforme al propósito de Dios, el optimismo en todas las cosas es necedad, y está fuera de lugar.
El pesimismo es exactamente la posición correcta de la mente de aquel que no ama a Dios y no sea llamado conforme a su propósito. Las cosas no van a cooperar para su bien, sino para su desgracia. Romanos 2:5 describe en qué forma influye en el futuro de esta persona esta experiencia: “Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”. En otras palabras, las experiencias por las que esta persona atraviesa cada día no cooperan para su bien; se vuelven en su contra. Las bendiciones por las que esta persona no le agradece a Dios, ni le convierten en un adorador le condenarán algún día. Las experiencias dolorosas por las que atraviesa, sin confiar en la ayuda de Dios, acumularán ira en el día final. Esta persona puede parecer pobre; o próspera en este mundo. Pero si no ama a Dios y no es llamada conforme al propósito de Dios, todas estas experiencias no la conducen hacia nada bueno, sino hacia una miseria eterna. ¿Qué debe ser realidad en nosotros para que esta promesa sea nuestra? Ese no es el camino en que quisiéramos estar. Queremos oír que esta promesa es nuestra. Queremos saber que todas las cosas están trabajando juntas para nuestro bien, no para nuestra condenación. Pues bien, ¿qué requisitos debemos cumplir? Tomemos uno a la vez, uno esta semana y otro la próxima semana. Primero, Pablo dice que debemos ser personas que amen a Dios. En el original, esta es la primera idea del versículo: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien”¿A qué se refiere cuando dice: los que aman a Dios? Primero, no se refiere a que usted puede salir y entrar del amor de Dios y que si usted tiene una mala experiencia cuando está amando a Dios esta experiencia se transforma para su bien, y si tiene una mala experiencia cuando no ama a Dios esta experiencia se transforma para su mal. Sabemos que no quiso decir eso, porque aclara “los que aman a Dios” con la característica al final de versículo: “los que son llamados conforme a su propósito [el de Dios]”. Este llamado (del que hablaremos más tarde) no es algo que suceda a menudo. Es el trabajo efectivo y definitivo de Dios quien nos llama de muerte a vida, de la oscuridad a la luz, y del poder de Satanás al poder de Dios, y de la enemistad con Dios al amor a Dios. El llamado al amor y a la fe es de una vez y para siempre, así que el amor a Dios es el sello de la persona que es verdaderamente llamada para siempre. Por supuesto, nuestro amor por Dios tiene momentos de intensidad y momentos de debilidad (tal y como cualquier otra relación que tengamos en nuestra vida terrenal). Pero en aquellos que son llamados, el amor a Dios es lo que los define. Es la condición permanente de nuestros corazones, no importa si es fuerte o débil.De manera que Pablo no está diciendo que todas las cosas cooperan para bien en los cristianos algunas veces (cuando su amor es fuerte), y que todas las cosas no cooperan para bien en los cristianos algunas veces (cuando su amor por Dios es débil). Él está diciendo que para los cristianos (los llamados, aquellos cuyos corazones han sido comprados de la enemistad con Dios al amor a Dios), todas las cosas cooperan para bien, todo el tiempo.
y NO LO OLVIDES, TODAS LAS COSAS COOPERAN PARA BIEN.






0 comentarios:
Publicar un comentario